Barroso: un patrimonio agrícola en peligro. Rodolfo Oliveros
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Barroso: un patrimonio agrícola en peligro
Rodolfo Oliveros
Introducción
En tiempos del cambio climático y ante la emergencia del Antropoceno —el acontecimiento geológico que da cuenta de la modificación del clima, los ecosistemas y la biosfera en su conjunto, como resultado de la actividad de la sociedad capitalista—, la defensa del Patrimonio Natural se vuelve un tema central para la sociedad global. Pero no todo es blanco y negro, pues a nombre de la transición energética, un camino indispensable para detener el aumento global de las temperaturas, se ha impulsado una disputa por recursos estratégicos como el litio a escala planetaria.
Una de las preguntas importantes a realizar es, ante estos hechos, ¿qué tipo de transición energética necesitamos?. No toda la población contribuye de la misma forma en la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), por lo tanto, ¿quién debería costear esta transición? Son preguntas que han estado presentes en los encuentros multinacionales en los que se discute el rumbo de las políticas ambientales. Y, por extraño que parezca, las políticas de transición energética han traído consigo paradojas a la hora de su ejecución, mismas que no podemos entender sin la idea de justicia ambiental.
Este es el caso de Covas do Barroso, una aldea de pequeños productores agrícolas en el norte de Portugal que a lo largo de siglos a desarrollado sistemas agrosilvopastoriles tradicionales y una vida sustentable basada en la producción para el autoconsumo y el pequeño comercio. Esta forma de producción y su importancia socioambiental fue reconocida en 2019 como Sistema Importante del Patrimonio Agricultura Mundial (SIPAM) por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO por sus siglas en Inglés).
Las características del SIPAM de Barroso articula formas comunitarias de organización social, sistemas de riego que se pueden rastrear a la época romana en la península, sistemas de producción familiar a partir de hortalizas, así como la domesticación de especies vacunas protegidas como la conocida barrosã, además de otras actividades como la apicultura. Esto ha devenido en un rico paisaje que articula historia, naturaleza, vida comunitaria y una economía de autoabasto, que garantiza un porcentaje importante de la alimentación local, y saludable.

Sin embargo, la región se enfrenta a grandes riesgos como el abandono del campo, el envejecimiento de la población y el cambio climático. Este último repercute, principalmente, en el aumento de los incendios que cada año alcanza más hectáreas. En tiempos recientes, la principal amenaza que enfrenta este patrimonio agrícola mundial es la instalación de una mina de litio a cielo abierto. Este proyecto, impulsado por la empresa Savannah Resources y considerado por la Unión Europea como proyecto estratégico; actualmente se encuentra en fase de prospección, gracias a un permiso especial concedido por el gobierno central de Portugal. La prospección ya ha afectado porciones importantes de bosque en tierras de baldío, a pesar de las protestas de la población local. Según diversos especialistas, de avanzar a la fase de extracción podría generar contaminación de las fuentes de agua, del aire y de las tierras agrícolas, poniendo en riesgo el reconocimiento de la FAO y a la población misma.
Además de los daños ambientales, este proyecto extractivo ha generado conflictos al interior de la comunidad de Covas de Barroso y generado problemas de ansiedad entre la población. Sin embargo, desde un inicio, una parte mayoritaria de la comunidad se organizó y formó la asociación civil Unidos em Defesa do Barroso (UCDB), que no solo busca detener la mina, sino promover y proteger el patrimonio agrícola y cultural de la región.
La historia de Barroso
Cuando arribas a Covas de Barroso es posible observar desde la carretera el pico de Outerio Lesenho, que es vigilado por la estatua de un guerrero galaico. Esta montaña resguarda el castro, los vestigios arqueológicos de esta cultura milenaria. El complejo cultural al que perteneció la región de Barroso es nombrada, por arqueólogos e historiadores, como cultura Castreja. Un palimpsesto de historias y conquistas, con orígenes prerromanos, romanos, árabes, católicos y modernos.
En los primeros días de mi estadía en Covas pregunté por estos asentamientos —la costumbre antropológica de comprender el paisaje y sus tiempos—, Nelson, actual presidente de la UCDB, en tono serio y un poco molesto, contó que el guerrero de Outeiro que corona el castro es una réplica, el original fue llevado por las autoridades al Museo Nacional de Arqueología, en Lisboa. Como siempre, afirma, todo se lo llevan a Lisboa, pero fueron encontrados aquí, en Covas. Afirma que fueron tres los guerreros enterrados en el atrio de la iglesia del pueblo. La primera pregunta que me surgió fue ¿quién los enterró y por qué? Historias muy similares encontramos en México después de la conquista, como una forma de borrar ese pasado que era considerado herético.
Lo que sabemos por las investigaciones arqueológicas, es que son cuatro estatuas de guerreros galaicos las que son atribuidas a Outerio Lesenho. Sin embargo, su destino fue incierto durante mucho tiempo, llevándolos a recorrer distintas geografías y recintos del territorio portugués. En las memorias parroquiales de 1758 el castro era atribuido a los “moros”, lo que posiblemente explique el tipo de trato que recibieron las estatuas de los antiguos guerreros. Lo que afirman las investigaciones actuales, es que solo dos de las cuatro estatuas fueron encontradas en el atrio de la iglesia de Covas de Barroso. Las otras dos estatuas fueron encontradas decapitadas y reutilizadas como columnas de una choza en Campos, un poblado vecino de Covas.
La cultura castreja o castreña se extendió a ambos lados de las actuales fronteras de España y Portugal. Esta región fronteriza mantiene una identidad cultural vigente hasta el día de hoy, en lo que algunos llaman la cultura rayana (la raya como frontera). Su área de influencia se extendía desde el sur del actual Portugal hasta el norte de España, abarcando las regiones de Galicia, Asturias, Cantabria, norte de León y Zamora, así como gran parte de Trás-os-montes y Minho en Portugal. Se trata, por tanto, de la base cultural de los pueblos galaicos, astures y, en cierta medida, de los lusitanos.
La cultura castreja representa la principal manifestación civilizatoria de la Edad del Hierro en el noroeste de la península ibérica, desarrollándose entre los siglos IX a.n.e. y I d.n.e. Esta sociedad se caracterizó por la construcción y ocupación de poblados fortificados, conocidos como castros (del latín castrum), situados de forma estratégica en elevaciones topográficas pronunciadas, facilitando su defensa natural y el control del territorio. El castro de Outeiro Lesenho es una muestra de este tipo de construcciones, que implicó una capacidad constructiva y cooperativa, que transformó la fisionomía de la montaña donde se asentó el castro. El cual está bordeado de murallas, un paisaje que se irá replicando en toda la región y una de las características paisajísticas de Covas (Fonte 2017).
La sociedad castreja fue fundamentalmente agropecuaria, centrada en la producción de cereales y en la ganadería, desarrollaron la metalurgia del bronce y, posteriormente, del hierro. La organización social se estructuraba en comunidades tribales, con una élite guerrera que, suponen los arqueólogos, probablemente detentaba el poder. En su cultura material destaca la cerámica y las esculturas de guerreros galaicos, así como las pedras formosas (piedras hermosas) encontradas en el sur de su territorio, que formaban parte de complejas estructuras termales y posiblemente rituales. La arquitectura de los castros se componía de viviendas de piedra y techumbre de fibras vegetales, adaptadas al paisaje y moldeando de forma particular el territorio.
La llegada del imperio romano, a partir de las guerras cántabras (29-19 a.n.e.), implicó un complejo proceso de romanización, que implicó la desaparición de las lenguas celtas y transformaciones en las formas de habitar. A pesar de ello, de la imposición de la cultura romana, algunos castros continuaron habitados y se mantuvo la identidad regional y sus tradiciones.
Paisajes y sistemas agrosilvopastoriles: patrimonio de Barroso
En el año 2019 la región de Barroso —conformada por los municipios de Boticas y Montealegre, en el norte de Portugal— fue declarada por la FAO como SIPAM, abarcando 1.127,40 km² y cubriendo a una población aproximada de 15.589 habitantes (Centro SIPAM de Barroso, s. f.). Dentro del área considerada por el SIPAM se encuentran además el Parque Nacional de Peneda-Gerês, la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Gerês-Xurês (Tras-os-montes y Galicia), la Red Natura 2000, la Zona de Especial Protección de la Serra do Gerês y el sitio Peneda/Gerês.
La declaratoria SIPAM en Barroso fue, a decir de los pobladores de Covas, una iniciativa impulsada por las autoridades municipales, en donde las aldeas, principal sustento de tal patrimonio, no fueron consultadas, ni tomadas en cuentas. A pesar de ello, la declaratoria permitió al gobierno municipal, a Organizaciones no Gubernamentales y algunos productores impulsar diversas iniciativas para valorizar los productos locales, promover el turismo de naturaleza, y el desarrollo regional. Una de esas iniciativas es el parque temático “Boticas Parque. Natureza e Biodiversidade”, que está ubicado en la Freguesía del Vilar, cuyos valores son la “conservação e valorização do património natural”. Además, ello permitió dar impulso a organizaciones de productores como la Cooperativa Agro Rural de Boticas (CAPOLIB), que comercializa, principalmente, miel, carne barrosã y embutidos tradicionales de la región bajo el sello colectivo de “Barroso”. Lo que permite su venta con precios más elevados en el mercado.
A pesar de estas iniciativas, aún no existe un conocimiento extendido en la población, al menos en las freguesías de Boticas, sobre lo que implica la declaratoria; incluso hay quien desconoce de ella, aun siendo agricultores. Sin embargo, con muchas de las personas con las que pude conversar, afirman que la declaratoria SIPAM es positiva, pero está en peligro de perderse si el proyecto de la mina de litio avanza, lo que le dota de un sentido distinto a la idea del patrimonio. Perder la declaración como SIPAM, afirman algunos pobladores y funcionarios municipales, afectaría no solo a Covas sino a toda la región.
A partir de la declaratoria SIPAM se han obtenido algunos apoyos especiales con diversas categorías, desde habitar en una aldea rural y mantener la “forma de vida de campo”. Otro programa que les permite recibir alrededor de 3000 euros al año, les es otorgado por la crianza de caballos o por el pastoreo de cabras en los lameiros. Esta práctica ha sido revalorizada por su papel preventivo frente a los incendios. En el caso de los ganaderos, estos solo reciben el apoyo económico si crían vacas de la raza barrosana, ícono de la región y la especie carismática que ha recibido la mayor atención desde la declaratoria SIPAM. Para los productores con los que hable y que me permitieron acompañarlos en algunos de los trayectos a la montaña para conocer las colmenas, mientras llevaban a pastar a las vacas o simplemente en los recorridos por los senderos, afirman que si bien estos apoyos ayudan, los recursos son insuficientes para sostener la vida en el campo portugués.
En medio de esta sierra, hoy considerada patrimonio agrícola mundial, se encuentra Covas de Barroso. Su territorio se extiende de los 600 a los 800 msnm, aproximadamente, y cuenta con tres aldeas: Covas, Romainho y Muro. En conjunto cuentan con aproximadamente 250 habitantes la mayor parte del año. Pero la población suele triplicarse en verano, por el retorno de los migrantes durante las vacaciones. A la entrada de la aldea se encuentra el EcoMuseo “Quinta do Cruzeiro”, antiguo casco de hacienda que perteneció a la entonces familia más rica, desde el siglo XIX. Este museo forma parte de la red de EcoMuseos para promover el patrimonio cultural y natural de la región de Barroso.
El paisaje de Barroso cuenta también su historia. Esta comunidad cuenta con más de 1900 hectáreas de tierras comunales llamadas baldíos. El pinheiro bravo predomina en una parte importante de las sierras, esta especie de pino es aprovechado de forma productiva y les permite obtener recursos cruciales a la comunidad para la gestión del bosque y la prevención de incendios.
Covas se encuentra enclava en la sierra, su terreno presenta múltiples desniveles y cañadas. Sus paisajes han sido moldeados a lo largo de siglos y una de las marcas de ese pasado/presente son los muros y terrazas que circundan los oteros. Los muros delimitan parcelas —cavadas—, que en las zonas escarpadas evitan la erosión de la tierra y la retención de humedad. Algunos muros tienen siglos de construcción y se mantienen en uso, pero con la reducción del trabajo agrícola el bosque recupera terreno, pero lo hace también adaptándose a esa topografía labrada por las anteriores generaciones. Son los puntos de encuentro de pastores, ganaderos y visitantes. Estas murallas guardan la historia y la memoria de los habitantes que las han mantenido en pie por años. Son las guardianas de los lameiros, pastizales de heno, en los que pastan vacas, cabras, ovejas y caballos.
Otro elemento que ha sido importante en el sistema agrosilvopastoril es el sistema de riego. Pues articula los distintos sistemas productivos: lameriros, hortalizas, pastoreo y el agua de consumo cotidiano de las familias. El principal sistema de riego es conocido como “agua do povo” —agua del pueblo—. Según los habitantes, existen documentos de al menos 300 años que relatan su funcionamiento, el cual se mantiene activo hasta la actualidad. Parte de la infraestructura de la distribución de agua data de tiempos de la ocupación romana.
El sistema de riego funciona por turnos familiares, la nasciente de agua en el centro de Covas es siempre aviada, es decir, que recorre el territorio. Cada familia sabe cuándo le toca y a qué horas. Se organiza por giros, en turnos que se alternan cada once días. A lo largo del día, los barrios y familias van regulando el flujo del agua durante la noche y el día.
El cambio de distribución del agua se realiza por medio de un sistema de compuertas de metal o de piedra, dependiendo de los terrenos. Los ritmos del riego son fundamentales, pues se convierte en un marcador de la temporalidad social de la aldea, que se engarza con la temporalidad de las estaciones, del paisaje y de la producción. En el tiempo de seca es cuando más se cuida la distribución del agua para todas las familias, que es entre el 24 de junio y el 29 de septiembre. El sol, la luna, las rocas, los oteros y las sombras, son los marcadores temporales que le indican a cada familia cuando comienza y finaliza su turno en el sistema de riego.
Los acuerdos locales sobre el agua privilegian el acceso común, como un bien colectivo indispensable para todas familias y para la aldea. Si bien, formalmente, las nasciente de agua pertenecen a cada persona si está en su terreno, y esto le autoriza para construir poza y les otorga un derecho de uso, deben permitir el flujo de agua, es decir, que esta se incorpore al sistema de riego para llegar a los demás terrenos. En los meses de sequía toda el agua es aviada en todo el sistema de riego y pasa a ser de uso colectivo y rotativo, según las necesidades de cada familia. El sistema de riego requiere de la participación de todos los habitantes para mantener limpios los canales y que el agua fluya por el territorio de Covas.
La mayor parte de las tierras agrícolas son de pequeña propiedad privada familiar, la mayor parte son lameiros de heno —una mezcla de gramíneas y leguminosas que se dejan crecer—, y maizales de grano amarillo, ambos destinado para la alimentación del ganado. El maíz es almacenado en graneros de granito, algunos de los cuales datan, al menos, del siglo XVIII. Anteriormente, se sembraba centeno y trigo, además de maíz blanco, pues son centrales en la dieta rural para la elaboración del pan, pero esto se ha perdido; actualmente, se compran las harinas de estos cereales en la cabecera del municipio.
Otra forma de producción fundamental para las familias de Covas son las hortas, que se encuentran en el mismo terreno de las casas. En las hortalizas se siembra cebolla, pimiento, colifor, maíz, papa blanca y roja, calabaza de distintas variedades, habas, algunas yerbas como cilantro, centeno y un poco más; dependiendo de los gustos y tradiciones familiares. Actualmente, casi todos compran las semillas “americanas” a las empresas, y ya casi nadie guarda semilla propia, aunque no utilizan agroquímicos, por lo que es considerada más saludable. La mayor parte de la producción es de autoabasto, ya sea para la alimentación de las familias o del ganado. El excedente es compartido con familiares y vecinos, lo que además refuerza los vínculos de reciprocidad. Sobre todo en el caso del heno y de la cosecha de la papa se requiere mucho trabajo, por lo que suelen realizar invitaciones cruzadas entre parientes y vecinos, rotando entre las parcelas, de tal forma que el trabajo agrícola depende del trabajo colectivo.
Es además, una forma de mantener el lazo con los familiares que viven fuera de Covas, pues siempre se les guarda una parte de las cosechas que se les entrega en tiempos de vacaciones. Algo que, por su puesto, es muy apreciado por los migrantes, pues “en la ciudad no se come igual”. Hay un orgullo de familias y, principalmente, de las mujeres por sus hortas, no solo es por el trabajo que implican y la calidad de la alimentación, es también por la tradición que se mantiene, por un gusto estético y su capacidad de nuclear las redes sociales y del compartir.
Además de los lameiros y las hortalizas, la ganadería tiene un papel importante. Dos especies se han convertido en la imagen de Barroso: una de ellas es la abeja ibérica que ha sido tomada como símbolo del municipio de Boticas. La segunda es la vaca barrosã, que es el principal referente popular al que suele asociarse el reconocimiento SIPAM. La barrosã es un símbolo de identidad trasmontana, su carne es apreciada en todo el país, y suele reconocerse a la región como una de las productoras de carne de mayor calidad en todo el país.
Con el vaciamiento de las zonas rurales y el abandono del campo la barrosã se fue perdiendo. Con la entrada de los tractores se dejó de requerir para las yuntas, por lo que mantenerlas solamente para la producción de carne salía muy caro. Una de las razones es que su tiempo de engorde es más lento, aunque por ello mismo de mejor calidad. Por lo que comenzaron a sustituirla por otras variedades, principalmente francesas, que tienen un crecimiento más rápido. Ello llevo a poner en peligro a la barrosã, y fue una de las motivaciones que llevó a las autoridades a buscar la declaratoria SIPAM. Aunque, como mencionamos al inicio, la declaratoria SIPAM incluye todas las practicas agro-silvo-pastoriles consideradas tradicionales, la mayor parte de población suele asociarla con la protección de las vacas. Y no con las propias actividades que ellas y ellos realizan en el campo.
Todavía hay algunas familias de las aldeas de Covas que tienen ganado, como Nelson, Daniel o Parafita de la aldea de Romainho, pero solamente este último tiene dos vacas y un toro barrosã. Algunos otros tienes vacas mezcladas con barrosã o mirandés, otra variedad nativa del norte portugés, pero afirman, ya nos son “puras”, y por ellas no dan apoyos. Las variedades tradicionales dice Libu “están mejor adaptadas al terreno, se enferman menos, pero como es más pequeña la gente la cambió por otras variedades para producir más. Apenas se rescató gracias a los incentivos que dan por la cuestión del patrimonio”.
Además de la barrosã, existen otras variedades nativas de vacunos como Cachena, Maronesa, Mirandesa y Arouquesa. También existen variedades nativas de equinos como los garranos, de caprinos e incluso una variedad de cánido conocido como trasmontano, utilizado, principalmente, para el cuidado de ganado y para la caza.
Al igual que el paisaje, estas variedades de especies cuentan una historia de coevolución, de migraciones y de conquistas. La barrosã tiene su origen en la presencia árabe en la península, mientras que el garrano ha cabalgado estas montañas desde el periodo cuaternario. Todas estas especies han modelado y producido el paisaje en coevolución con los humanos, que además forman parte de la identidad trasmontana.
Es, también, el caso de la abeja ibérica que ha permitido a la región tener una de las producciones de miel más importantes del país. Y, al igual que las otras especies nativas, es apreciada por su resistencia y fortaleza, como todo aquel que se considere barrosã, pues como dice Libu “las abejas que traen de afuera producen más, pero en invierno se mueren”. Esto sumado al cambio climático que ha afectado a las colmenas por los fenómenos meteorológicos extremos.
Minería y transición energética: el patrimonio en peligro
Lo primero que uno observa al entrar a Covas de Barroso es un paisaje de disputa, la carretera principal pasa a un costado de la Quinta do Cruzeiro, en donde se encuentran las canchas de futbol, cuyas rejas se han convertido en un escaparate con mantas, banderas y consignas alusivas a la lucha de Barroso contra la mina. Portugués, español y galllego dan cuenta de las geografías que han llegado a esta aldea para expresar su solidaridad en la lucha contra la mina. Frente a la cancha está la iglesia del pueblo y a un costado, en el mismo centro del pueblo la casa que la empresa minera Savanna Lithuim compró.
Las primeras imágenes de Covas las conocí en el filme “A Savanna e a Montanha”, al finalizar la película se puede leer la leyenda: Barroso patrimonio agrícola mundial en peligro. Hasta ahora no ha habido un pronunciamiento formal por parte de la FAO sobre el daño que podría causar la mina al patrimonio. Covas tiene 1900 ha de baldíos y la mina afectaría, directamente, a un tercio, es decir 600 ha.

No es la primera mina que busca instalarse en la aldea. Existió una primera mina que inicialmente se dijo que era para cuarzo y posteriormente el Conselho dos compartes cancelo el contrato y obligó a parar la mina. Las nuevas concesiones están en esa misma sierra, otras se encuentran del lado de Romainho. Se observan los caminos y las perforaciones de prospección en la montaña. La empresa ha intentado meter gente que está a favor de la mina como compartes, es decir comuneros, para tratar de ganar las votaciones locales sobre la mina. Sin embargo, hasta ahora no lo han logrado. Defender la montaña contra la mina es para los habitantes de Covas, la defensa de una forma de vida, de sus tierras y de sus paisajes. Esto se puede constatar en los letreros que se encuentra en muchas casas de la aldea como la de Libu que expresa: “No a la Mina, si a la Vida” y “Barroso resiste”.
Centro SIPAM de Barroso. s. f. «GIAHS Barroso». Centro SIPAM do Barroso. Accedido 29 de noviembre de 2025. https://sipambarroso.pt/giahs-barroso/.
Fonte, João. 2017. «Guerreros galaicos del castro de Outeiro Lesenho (Boticas, norte de Portugal): una aproximación biográfica». Nailos, mayo 28, 237-53.
Fotografías: Rodolfo Oliveros Espinosa (c)


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